¿De esta cómo salgo?

Ver a no poca gente, no sé si escondida de la vida o invisibilizados, sin demasiadas chances de mostrarse significativamente ante los demás, esto último es en definitiva la existencia ciudadana, aparecer ante otros en el espacio público; todo hace que, en realidad, la Democracia sea vivida, usufructuada en los beneficios que nos damos organizativamente, por unos pocos.

¿En qué momento dejamos de ser útiles, valorados, necesarios, tenidos en cuenta, respetados? No se trata necesariamente de ser un viejo, jubilado, sin vivienda, pobre, feo, enfermo, discapacitado, desocupado, sin oficio o profesión…; hay una previa que incapacita a muchos, daña vidas, carcome por dentro a las personas, ensañándose con los más débiles y vulnerables. Lo triste es ver el esfuerzo que hacen por seguir encajando con los demás, buscan agradar, ser aceptados, mendigan reconocimiento, cariño, aceptación; cuando sabemos que ya caducaron, están socialmente acabados, desechados.

Si pudieran dar vuelta esa desventaja y transformar las energías en acciones desestabilizadoras del sistema, que ofendan al poder, allí donde la desfachatez del mismo se les presente, quitando colaboración, desertando de lo previsible, no prestándose al juego…; seria el comienzo del fin.

Comentarios

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *