Deja de mendigar, ponete a trabajar, ahí está el futuro y la supervivencia para la mayoría de la gente; así planteamos la sociedad en que vivimos; podes delinquir, pero el dinero fácil un día te cobra todas, es jugar, ganar y devolver más de la cuenta.
Indudablemente, prioriza primero tener un techo propio, el último bastión de resistencia material donde la libertad planta bandera; afuera todo es discutible, salís a la calle, te aparece la ley, la convivencia con los demás, el estado y el mercado, marcando la cancha. Por eso, la regla de oro, nunca metas en tu casa a nadie, incluso, ante decisiones relevantes, si es un hijo, pariente, ser querido, como decían nuestros abuelos, «el que se casa, casa quiere»; «cada cual a su rancho», es un bien para todos. Si sos el machomenos de la casa, no traigas otro pingo o una cachucha luchona para que te dispute territorio; no eras acaso el que mandaba en su casa, «en casa mando yo, lavo, plancho, cocino».

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