Después del león viene el niño

Ir al rescate de nuestro propio cuerpo es siempre una tarea gratificante, dura, requiere de trabajo constante, técnicas; hay quienes le ponemos el cuerpo a nuestras verdades, sabemos de qué se trata sufrir demasiado por aparentes boludeces, nada de otro mundo, es parte del oficio del militante de la vida, de la libertad; al final siempre nos soltamos, como dice el tango. ¿Para qué otra cosa hemos venido al mundo o estamos en la tierra?

Lo del cuerpo no se reduce a lo referido, el presente nos encuentra disociados del mismo, se ve la carencia de espontaneidad en la gente, las serias dificultades a la hora de improvisar, de un sano «no pensar» mostrando con el cuerpo lo que buscamos decir, expresarnos plenamente a través del mismo; quitar el velo de las apariencias y ser, no el personaje construido de los demás, sino ese que sale de uno, viviendo.

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