
En Argentina venimos transitando un tiempo patologizante, donde cualquiera saca conclusiones descalificantes de los demás; especialmente con figuras públicas a las que resulta fácil pegarles. Estamos ante la punta de un iceberg de violencia en aumento, odio, supremacismo, que se extiende a toda nuestra Comunidad; de algún modo necesitamos ponerle un límite con más Democracia y la Ley.
Gente sin escrúpulos banalizan las enfermedades mentales, usando las mismas como arma política.
Paradójicamente, desde partidos «libertarios» escondidos como fantasmas en Alianzas variopintas y con bancas en Legislaturas, ejemplo provincia de Santa Fe, se oponen a proyectos de ley contra discursos de odio.
