
En el gobierno de la libertad ya no se habla tanto de libertad, preocupa que la misma quede diluida en las urgencias que nos suelen entretener a los argentinos; lo positivo pasa exclusivamente por la baja de la inflación, eso sí es alentador y la promesa de un futuro mejor para todos; pero esto último puede dar su mejor versión bajo cualquier Régimen.
Obviamente, no banalicemos la cuestión que se plantea en torno a la libertad que buscamos los argentinos; sabiendo que la que teníamos no era gratis, dada por la clase política dirigente, el Estado benefactor; tampoco nos aparece clara y evidente en manos del Mercado, gracias al mérito de cada uno.
¿Qué libertad pretendemos? Aquella que es posible si somos todos igualmente libres, en este caso estamos lejos con la pobreza y postergación económica de millones de argentinos; la que ofrecen el Estado y las instituciones, asegurando esas condiciones materiales de posibilidad que nos harán ser libres a quienes vivimos en sociedad, indudablemente la misma nunca fue concreta, sino todo lo contrario, utilizada como bandera de quienes la usufructuaban a costa del sacrificio de la mayoría; la de quienes en el presente, aseguran que la igualdad y la justicia social, son limitantes que hacen imposible la libertad entre nosotros.
El menú es variado y seguimos ensayando respuestas, que no llegan a la gente, porque no alcanzan a ser reales, palpables en la vida cotidiana de los ciudadanos, salidas de nuestra propia vivencia comunitaria.
Para otro escrito quedaría preguntarnos para que queremos ser libres; mi respuesta personal es para no trabajar, dedicarme a lo que quiero, hacerlo como quiero y cuando quiero. Ocio.

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