Solía hacer apuestas y la teoría que defendía era simple de verificar, ver de algún modo la vida que llevaba un empleado público para saber la vida de los demás; no diferían sustancialmente en nada.
Quizás, esa cuestión con el tiempo sea extensible a los que vivimos en la actualidad en cualquier ciudad del mundo occidental; hay que parecerse a los otros para sobrevivir, de lo contrario te hacen pagar caro el desafío de ser distinto o ir contracorriente.
Escribía Tolstoi hacia el año 1860, en su novela «Guerra y Paz», que todas las personas felices son iguales, resultando interesantes los infelices. No adhiero a tal pesimismo, pero sí observo que quienes no tienen otro sentido en sus vidas que buscar ser felices, son predecibles.

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