Detenernos y preocuparnos por los análisis económicos macro, micro, de variados especialistas en la materia, desde operadores y actores con sus propias teorías e hipótesis; es desaparecer en sus intereses no dichos.
En Argentina el problema fundamental somos los argentinos, nuestra cultura y mentalidad arroja luz sobre si el plan económico del actual gobierno, año 2026, va a funcionar en su objetivo principal de bajar la inflación ubicándose entre los dígitos cero y uno. Mucho depende de quienes compran dólares, empresas, grandes, pequeñas, el estado, personas, …; desde el humilde docente que muestra sus gastadas alpargatas de camino a la escuela donde le espera un aula con niños mal comidos, pasando por los narcos y su inocencia fiscal, hasta el empresario «nacionalista» vestido con bombacha de gaucho de la industria argentina benefactora de trabajo.
Nos conocemos entre nosotros, a cierta clase de argentinos en realidad les importa una chota la inflación y las consecuencias obvias de la misma, así como la pobreza y miseria de otros; aunque algunos de ellos sean pobres, especulan, viven a la defensiva guardando dólares bajo el colchón, después se golpean el pecho en misa o van a sobarle las bolas al pastor los días sábados.
Ojalá hubiéramos podido blanquear tanto cinismo dolarizando la economía argentina, eliminando el peso argentino que es un peso sobre nuestra existencia porque realmente vivimos pensando en dólares, coleccionando dólares.

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