La nueva ley laboral argentina, sea la que fuere, volver a la Edad Media o saltar en el tiempo a un futuro robótico; no cambia el hecho puntual que deja en evidencia la obsoleta y vetusta representación gremial de los trabajadores, la ficción de organizaciones dibujadas a las que solo les interesa recaudar dinero; como así también el entramado jurídico-político de corrupción parasitario del trabajo y la empresa.
¿Acaso esta ley transforma en algo la realidad de quienes trabajan, emprenden? No, la realidad está configurada hace tiempo desde que se instituyo el Derecho y el Estado argentino a través de la sociedad organizada. El paño en el que se juegan las relaciones, dependencias, labores, vínculos, ideas, funciones, previsibilidades, el ámbito de lo realizable…; fue determinado en el proceso de un sistema vigente de hace siglos.
Si fuéramos capaces de imaginar otra alternativa al sistema y nos pusiéramos manos a la obra, concretando una realidad diferente, se cambiaria no solo la manera de pensar el futuro, sino que haríamos un pasado distinto. Pero en cambio, las narrativas políticas argentas de todos los colores e ideologías que estructuran nuestro sentido común, están atadas a lo mismo, la mierda de siempre con distinto olor.

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