
Hay quienes siembran violencia por la injusticia de sus acciones contra los demás y deliran con que el tiempo pasa, juegan al olvido amparados ficticiamente por estructuras de poder; habitan la fantasía de salirse con las suyas y si uno ahonda en determinados ámbitos políticos, culturales, institucionales….; nos encontramos con el mismo extremismo sin fronteras que produce a estos personajes.
El trágico hecho que le costara la vida a Charlie Kirk, fue el eco de sus propias palabras que antes dispararon la violencia. En Argentina, estamos en la previa de eso, el odio gracias a la política (desde hace años) ya dio un paso relevante en la sociedad, ha devenido en sentido común; por lo tanto, los prejuicios de cualquier ideología se convierten en argumentos de fuerza que habilitan la violencia material. Cuestión de tiempo.
El que mato a Charlie Kirk fue uno de su mismo palo, vino del entramado derechista conservador liberal que orbitaba alrededor de él.
¿Hacia dónde nos lleva esto? A que la violencia es circular, la bala da la vuelta y no es importada, nace y crece en el interior de las organizaciones, grupos, foros, redes sociales.

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