Violencia como aptitud lectora

Sabemos que las capacidades lectoras de los individuos no son del mismo nivel, hay quienes muestran que no escriben bien por obvias razones de faltarles el hábito de la lectura; no sé tampoco, si se vive mejor siendo lector y produciendo escritura de presunta calidad.

Sí, estoy seguro de que una parte de la violencia que padecemos los argentinos en las redes sociales, participando como ciudadanos en temas de interés público, es debido a que mucha gente no aprendió a leer bien. Interpretan mal, no leen, leen lo que limitadamente entienden, presuponen demasiado, son movidos por prejuicios, resentimientos y sesgos ideológicos, hay mucho sentimentalismo de por medio; repetición y reproducción de frases, oraciones, ideas instaladas para consumo masivo, no hay reflexión de por medio; habitan los extremos de que todo lo toman de manera personal o no les importa las personas; se creen el centro del universo y reaccionan mal.

La injuria y el destrato hacia otros, son moneda corriente por cuanto no se pueden dar respuestas desde una comprensión lectora ajustada a la realidad o a la altura del interlocutor que se tiene enfrente; se recurre a lo que podemos, la premisa urgente es poner punto final al supuesto desencuentro; sin saber de qué se trata, dónde terminara ni cuándo.

Al final, se conforman grupos bien cohesionados, donde la ignorancia colectiva prevalece.

Está claro que las primeras víctimas que se carga esta lógica hegemónica de limitados lectores, es la existencia imperdonable de hombres y mujeres libres no solo capaces de pensar por sí mismos, sino de decir algo propio.

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