Lavo, plancho y cocino. La violencia política escala en detetminados espacios, gracias al apoyo de otros, entre todos empujamos el carro del Cesar, empoderamos a unos cuantos que hablan o gritan más fuerte que los demás, en un contexto de vigilancia y control; es tan solo el comienzo, no sabemos en que terminara.
¿Qué nos queda a quienes no estamos guionados en nuestras existencias ciudadanas? Se nos complica en estos regímenes autoritarios, los mismos imponen un lenguaje, se manejan desde cierta narrativa y lógica de funcionamiento; empezamos perdiendo, así de simple. La actual vida social no deja dudas al respecto.
¿Cómo cambiamos? Un ejemplo entre muchos, que le puede interesar a las feministas: ver mujeres profesionales, liberales, sometidas como siervas por unos machirulos, es patético; estando entre libertarios en grupos de acción politica, corrobore esto. Seguramente con tiempo superemos ese vínculo, pasaremos a otra página en la gestión de los daños y la víctima de ayer será el victimario de mañana; al final, la estructura, los modos de vincularse, las jerarquías, permanecen intactas aunque levanten banderas de libertad y emancipación.

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