Cada vez más pastillas, fármacos, medicamentos, psiquiatras, psicólogos, terapeutas, centros de rehabilitaciones y contrariamente a lo que suponemos, se multiplican las patologías mentales.
No hay políticas públicas y privadas que contengan esta especie de epidemia de la capocha; llamativamente afecta a muchos jóvenes.
Para quienes saben que van hacia un lugar que les hará mal, donde si no cambian se joden; sin embargo, siguen adelante. No hay tratamiento ni medicación, es la vida.

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