
Basta con mirarnos para comprender que uno no olvida lo que quiere, por lo tanto, la memoria necesita de la verdad para concluir, resolver cualquier asunto, trauma, vivencia o lo que fuere.
Si fuiste víctima, perdiste; quedan dos opciones bien nítidas:
- Repetimos la sarasa de que la historia la escriben los vencedores, en tal sentido, necesariamente los ganadores cuentan su cuento, arman el Relato que los estaba esperando para gloria, mérito, beneficio y reconocimiento de ellos.
- O bien, salimos del lugar de víctimas con la verdad, yendo sin concesiones para con nadie, ni siquiera para nosotros mismos; reconociendo la contingencia de la caída, donde no fuimos vencidos, nunca olvidamos por qué luchamos; nos levantamos gracias a la verdad que sirve para seguir adelante. Y aquí se da lo más paradójico: cuanta más memoria tenemos de algo porque no le esquivamos a la verdad completa (peor que una mentira, es una verdad a medias) y lo recordamos muy bien, aparece el olvido superador sin que lo forcemos.

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