
En este tiempo de «sentido común», como si hubiera un tiempo que no lo fuere, lo dijo Heidegger claramente, «pensamos como se piensa, sentimos como se siente», este «se» es el sentido común; la pregunta es de donde viene eso, que terminamos repitiendo y reproduciendo.
Vayamos al mérito que nos permite la normalidad que impera desde el sentido común, parece que lo hemos dicho todo, quiero hacer foco en el derecho de los que tienen más derecho que otros por tener mérito de/sobre algo; en los hechos es así y es para hacer una comedia donde reírnos un rato con el cinismo desenmascarado al respecto: un ejemplo muy actual basta para entendernos, al interior de algunos espacios libertarios liberales donde más se insiste en la temática como si fuera lo novedoso y revolucionario…….; cuando llegan las elecciones terminan ofreciendo a la ciudadanía la treinta y única lista encabezada por los elegidos, caídos del cielo, puestos a dedo, lista impuesta desde la estructura partidaria, obviamente por el «mérito» de quienes la integran.
La ventajita, derivada de otras ventajas a priori, en diversos ámbitos de la vida ciudadana, que implica lo referido, no se sostiene con ningún relato afirmado en la competencia (o las aptitudes inverificables de los más aptos en algunos casos, de historias de vidas individuales), ya que no la hay, o si la hubo, fue eliminada/desestimada/invisibilizada por quienes tienen el sartén por el mango.

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