
La violencia instalada políticamente avanza entre argentinos, nunca se ha ido; vemos a un diputado en Tucumán, agredido físicamente sin sentido, un hecho muy grave que repudiamos y exigimos justicia; necesitamos paz, priorizar el Bien Común.
Algunos pensamos equivocadamente que, no respondiendo los agravios y ataques de los violentos, damos un mensaje de respeto, convivencia democrática y libertad por encima de lo irracional. Pero no, no lo entienden de ese modo, ellos ganan y vos perdes, se perciben domadores, se aplauden entre ellos; hay que hacerles sentir de algún modo que ese juego terminó.
Se mandan, las hacen, para después esconderse, andar esquivos, disfrazados de víctimas, con apoyo en redes sociales, sostenido por estructuras de poder en algunos casos; consolidados machos alfa de la manada, empoderados y respetados por violentos; pero cuando vas por alguno de ellos, solo ves a la vieja escuálida barriendo la vereda.
Hay que sorprenderlos, no dejarse entrampar judicialmente con anuncios o amenazas, el tiempo es favorable para quienes no son Irán sino Israel, tenemos derecho a defendernos; no importan las banderías políticas o cuestiones objetivas, esto pasa a ser algo muy personal. Solo así entenderán los violentos que la violencia tiene consecuencias, las mujeres en general no supieron o no quieren verlo: las van a dejar de matar cuando les tengan miedo.
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