
Pasear por el barrio, dialogar con los vecinos, caminar sus calles; parece cosa de locos.
La idea aspiracional de muchos es parecerse a esos fantasmas adinerados que la viven, viajan por el mundo sin dejar rastros; bebernos un café en la plaza de un pueblo costero de Italia y que todos lo vean en redes sociales, nos hace olvidar por unos días nuestra existencia de inquilinos y cumplidores de horarios en un trabajo que no hubiéramos elegido de haber podido ser libres.
Tantas ganas y garras, en tener tu casa con sello propio, viviendo en lugares donde se están terminando los vecinos, solo aparecen consumidores que vienen a gastar un rato y borrarse.

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