Un día como hoy y sin un mango

Hay tristezas profundas, la de quienes no pueden sonreír, de pequeños ni siquiera saben llorar, manos contraídas como petrificadas, su cama es la cama del abandono, en una sala despejada de muebles y colores, barandas de acero inoxidable sin memoria ni huellas, a la entrada un guardia que exige permisos e identificaciones……

Si, hay vidas así, donde el amor llega un poco tarde o nunca llega.

Pero 28 años después, un joven sonríe a sus padres, nunca deja de nombrarlos y los abraza con la fuerza de todas las bienvenidas.

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