
Desde que tenemos democracia en Argentina, criticar al poder abiertamente y de manera militante, te coloca en el lugar de un perseguido; francamente esperaba un cambio al respecto…; obviamente, algunos son más perseguidos que otros, están quienes tienen cámara, estructura detrás, capitalizan bien su lugar de víctimas, pilotean la cuestión a través de un determinado colectivo que los empodera; pero quienes estamos solos y no nos conoce nadie, sabemos que la historia es peor.
La auténtica y combativa libertad de expresión, viene haciéndose metáfora en cuanto manera de autodefensa/supervivencia, ya que te judicializan la palabra, criminalizan las expresiones contrarias a la normalidad impuesta, estigmatizan al pugilista que entiende de golpes, de instantes, irrupciones, quiebres que se dan desde lo cultural y político, que van sumando momentos hasta alcanzar el gran momento, aunque este último muchas veces jamás llegue. Las luchas sociales se han vuelto light, malacostumbradas a ser apadrinadas por el Estado que se disfraza de «revolucionario» cuando le conviene, han perdido su sentido en la actualidad dado que la gente no quiere darse cuenta de nada.
¿Cómo sigue esto? No lo sé, pero cuando me dicen que la escuela es el lugar de la libertad, me hace ruido; bastaría con ver el peregrinaje en esos lugares de encierro de quienes padecen HADD; o los más viejitos, en sus tiempos de juventud cuando fueron tratados como peligrosos por reír demasiado………

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