
Están como dios, en todos lados, no hay ámbito en Argentina donde no haya presencia estatal; quiero hacer foco en los asalariados estatales, un ser humano cuyas características son las definitorias del tiempo que vivimos.
A los mismos se les da también por emprender algo, tienen ocurrencias, participan como cualquier ciudadano en la construcción del espacio de convivencia democrática; en tal sentido, no faltan quienes patentan partidos políticos, con ideas de diferentes colores que terminan asimiladas en el modo de ser estatal, alimentan el Partido Único Estatal.
Hay espacios de participación ciudadana donde la presencia de los empleados públicos en lo que respecta a la estructura que rige esos agrupamientos, resulta decisiva; es decir: pueden hablarte de libertad, levantar banderas revolucionarias, decir representar lo nuevo, el cambio, sentar las bases de Alberdi, Gramsci, el Che, Elon Musk ……..; da lo mismo, nada es real, empleados públicos, aunque se hagan los rebeldes son domésticos, se someten al verticalismo de un arriba y un abajo, movidos por creencias no piensan por sí mismos, el autoritarismo es el expediente mental que rige este tipo de conducta funcional al poder de turno.

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