A los pies de nada ni nadie.

Buena parte del pueblo argentino se hace cargo de su sufrimiento, hay sacrificios por hacer si queremos salir adelante mejores y más fuertes.
Después, resulta obvio, están quienes, así como esconden la mugre bajo la alfombra, pretenden ilusamente seguir vendiendo espejitos de colores, no hacerse cargo del aguante de lo que indefectiblemente hay que bancarse…; en este sentido las opciones confluyen en Jesús crucificado y el Estado somos todos.
Estamos en Argentina, la Iglesia con una mano te repite la frase bíblica «al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios; mientras con la otra, recibe subsidios estatales, es una con el poder en cuanto estructura bien consolidada en el Sistema.
Entonces, la respuesta más asimilada por el rebaño del Señor de los cielos es que sufrimos y la manera de evadirnos de ese sufrimiento, es cargárselo todo a Jesús, el hijo de Dios que vino a la tierra a sufrir por los seres humanos y cargar en la cruz con el sufrimiento de la humanidad. Como esto último no resulta así en términos reales, tenemos al Estado que nos mete la mano en el bolsillo a los ciudadanos, usa el trabajo, los padecimientos y el esfuerzo colectivo, para sostenerse como una instancia de totalidad benefactora, que trae consuelo a quienes sufren.
Por eso, nuestro pueblo, la gente, no necesitan caminos de santidad que los lleven a la cruz o a los brazos de la administración estatal como «buenos» ciudadanos que somos; la vida que sabemos llevar adelante con todo lo que ella trae consigo, es de por si noble, santa y vale la pena ser vivida como elegimos hacerlo.
Ni estado ni dios; Vos, Yo, Nosotros.

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