
Quienes de algún modo buscan conformar oposición al actual gobierno nacional argentino, tienen una seria dificultad en su modo de ser, son cínicos y este cinismo es generalizado, viene operando hace décadas en la consciencia colectiva bajo banderas de lo popular; que ha sido el Estado jugando a ser colectivo movilizado en las calles, esto se cortó al cortarse los fondos que financiaban estas puestas en escena que lucraban con la necesidad y la marginación de mucha gente.
Los libertarios entramos en acción a través de un cinismo diferente (quinismo), individual, propio de quienes ponen el cuerpo en primera persona ante el poder de turno y su burocracia estatal. De ahí que no se alcance a dimensionar este movimiento que tiene sus actores dispersos, cada uno en una trinchera diferente, pero apuntando a lo mismo, desenmascarar la desfachatez del poder allí donde este busca imponerse con autoritarismo y desde un pensamiento único.
Son modos de lucha opuestos, unos operan de arriba hacia abajo, aunque se disfracen en el llano de utópicos revolucionarios que no transforman la realidad; sino todo lo contrario, son funcionales a los intereses de la corrupción sistémica. Nosotros en cambio, logramos llegar con lo que dijimos que íbamos a hacer y lo estamos haciendo.
La mentira organizada se resquebraja, ante la verdad de quién asume el riesgo de llevarla a cabo.

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