
En la religión Homérica, la antigua Grecia, los dioses la pasaban muy bien, llevaban una vida fácil, nada que ver con la de los humanos, que eran mortales, llenos de penurias, trabajo y obligaciones. Fueron espectadores que contemplaban y se entretenían desde lo alto con los asuntos humanos, puesto que se hallaban libres de necesidades.
Nuestro Zeus cristiano, Dios o como quieran llamarlo, se parece mucho a los anteriores; es un Espectador privilegiado, lo fue durante el holocausto, la conquista de América, la esclavitud y otras atrocidades humanas del pasado; lo será cuando se desate una guerra nuclear.
De ahí que muchos buenos cristianos de todos los colores, desde las gradas de la tribuna del Circo, aplaudan las actuales masacres israelitas del pueblo elegido de Yahvé en la Franja de Gaza, para con niños, mujeres y ancianos inocentes, donde hallaron una forma refinada de alargar su muerte (al igual que los terroristas palestinos de Hamas, seguidores de Allah, para con los judíos), ya que no basta con eliminarlos, se los puede hambrear y negarle el acceso al agua.

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