Entre quejas y llantos, no pudiste cambiar nada, siempre tuviste familia que justificara tu cobardía. No somos pobristas, tampoco unos miserables que por miedo al Jefe, perder el laburo, nos pasamos la existencia en un lugar donde nunca hubiéramos querido estar y sin aspirar a la más mínima heroicidad por un mundo mejor.

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