
Cuando vemos el espectáculo que dan muchos de quienes nos representan, ocupando una banca en las Legislaturas provinciales y el Congreso de la nación; no sé hasta qué punto debería sorprendernos, no solo es lo que votamos, sino que nuestra existencia cotidiana esta atravesada por esa accesibilidad «democrática» donde cualquiera es juez, funcionario público, gobernante, pastor o cura, tiene dinero, honores, reconocimiento social; el Estado y el Mercado son funcionales a su existencia.
Lo vemos con mayor claridad en la partidocracia argentina, quienes administran los espacios de participación política y como a través de los mismos llegan los que nos gobiernan. Desde punteros hasta narcos, pasando por vendedores de humo y psicópatas; una selva de impresentables que se alzan con el poder de lo público sobre la vida ciudadana de todos.
Muchos de estos perros importantes nos quieren hacer creer que ahora están «en otra» y no es así; lo veo en Santa Fe, pasaron las elecciones, algunos delincuentones se quedaron afuera, otros dieron su golpe y les resulto; la cuestión que siguen en sus curros (varios, con la nuestra, colgados de recursos públicos sin llamar la atención), de ese palo vienen, saben que la ley les da cabida para montar sus «emprendimientos políticos» y lucrar a través de los mismos; pronto los veremos regresar, volver en el año 2027 con la cara lavada. La gente lo sabe, por eso no vota.

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