
Preocupa el presente de violencia en Argentina, se amplifican voces en las redes sociales, algunas de ellas traen mucho odio e intolerancia hacia determinados colectivos o protagonistas de interés; están fomentando un enfrentamiento entre los argentinos (que viene de larga data), ya que el partidismo es un nicho de kioscos y negocios para un puñado de vendedores de ilusiones, donde algunos emprendimientos prosperan y otros quedan en el camino.
La carrera política en cuanto puja por el poder y el dinero, en nuestro país reditúa cada vez más, este fenómeno se viene dando desde hace décadas; lo que se robó en el gobierno de Menem es incomparablemente menor de lo que saquearon durante el kirchnerismo y la historia sigue (solo que la vemos cuando termina) ……..; hay un crecer exponencial. La violencia acompaña este crecimiento, hacia dentro de las estructuras partidarias se echa mano de la misma para eliminar las molestias de la gente decente, los que vienen a poner su aporte con ganas y trabajo pensando en el bien común; hacia afuera, la competencia amerita cualquier medio para concretar el fin propuesto y no quedar fuera de fuego. Toda mano de obra es bienvenida mientras se pueda manipular, cortando la torta nunca.
Aquí venimos hablando de empresas en movimiento de índole privada (semipública), tienen dueños, inversores, colaboradores, clientes, afiliados, ganancias y las pérdidas son de los ciudadanos. Negocio redondo.
Generan vínculos, dependencias, redes, amiguismo, la casta es eso; se atornillan a bancas; producen una banda de enquistados en las reparticiones públicas, usando al Estado en diferentes líneas de gestión; ocupan cargos; asumen magistraturas; alquilan periodistas, tienden puentes con empresarios prebendarios; gobiernan. La idea es permanecer, obtener impunidad y continuar. Construir poder.
Los más inescrupulosos y temerarios, podemos presumir que tejen vínculos con narcos, organizaciones criminales, financieras de dudosa procedencia. Todo suma.

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