
Hacer el bien a los demás supone el fin de la política, no solamente la virtud del individuo. ¿Quiénes merecen empatía? Ya que estamos en tiempos de meritocracia o quizás la pregunta nos remita a ver a quienes dejamos afuera de la misma. Los bienes no son ilimitados.
Para pensar lo mencionado, sondear el pasado nos sumergiría en el infierno, hasta en la democracia ateniense se votaba por exterminar a toda la población de una ciudad que se rebelaba contra Atenas. Es decir, la Democracia nunca fue un límite para la crueldad.
Políticamente, cada sociedad, cultura, comunidad, impone sus crueldades, líneas demarcatorias de los derechos humanos; hay gente de gran altura moral en la democracia a la Israel, judeocristiana, que disfruta el genocidio de niños, ancianos y mujeres palestinas; algunos buenos musulmanes festejan el terrorismo contra judíos y cristianos, en el horror que significa exhibir el espectáculo de los tormentos a que fueron sometidas las víctimas.

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