
Quienes están politizados y no quieren reconocerlo porque están politizados, se autoperciben coherentes, sin fisuras morales, llenos de convicciones y con la supuesta franqueza de decir lo que sienten.
Indudablemente, el problema sigue siendo la verdad.
Veamos lo que somos con un ejemplo claro, elegimos en las urnas y aplaudimos a alguien que admira a Margaret Thatcher. Las fuerzas armadas y muchos veteranos de Malvinas en el presente son orgullosamente de las Fuerzas del Cielo, liberales, libertarios; en el gobierno anterior intercambiaban chocolates con los ingleses que mataron a nuestros soldados, posaban junto a los Moyano y fueron parte activa en la malvinización de la política kirchnerista….; ganamos el mundial y le cantamos a los pibes de Malvinas. Parece contradictorio; lo que decimos no tiene relevancia, lo que terminamos haciendo es lo que vale; corremos el riesgo, apostamos y votamos.
¿A quién le importa lo que escupís con tanto palabrerío? Todo puede ser dicho de otro modo, la Democracia que debemos hacer crecer en participación ciudadana, también es un mundo de discursos; lamentablemente éstos se han acotado considerablemente, frases cortas de impacto emocional son las que mandan en la actualidad, después el tiempo dirá si las podes sostener con tu vida, pero en el momento garpan. ¿Hasta cuándo se puede estirar esto? No lo sé, pero fíjate cerca tuyo, no faltan esos personajes aparentemente indignados que tienen la última palabra y le ponen FIN a todo.

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