
Perseverar en el ser, es una idea central en el pensamiento spinoziano, que no voy a desarrollar en este texto, basta con googlear o mucho mejor leer de primera fuente algún libro del autor, para comprender este ser aquí y ahora de lo que vivimos en una sola unidad en la Naturaleza, como tantas manifestaciones de la misma junto a otras.
Sí quiero centrarme en el hecho que esta idea de conexión con el todo del que formamos parte tiene un pasado estoico (y si rastreamos la cultura milenaria japonesa, lo hallaremos también), donde la libertad parece no ser tal, hay algo así como un determinismo que no acepto fácilmente; prefiero en esto seguir a Sartre para quien «ser libres es la condena de ser libres y los otros son el infierno», estamos arrojados a serlo querramos o no y hay que asumirlo.
Pero no podemos quedarnos en ese pesimismo que lleva consigo angustia, la realidad es que, si te alejas de quienes disminuyen las potencias de tu ser, estas en buen camino; allí donde logras amistad, vínculos sanos, la alegría de vivir se hace patente, es por ahí, aquello que vale la pena. No es demasiada ciencia.
Obvio, esa actitud hay que trabajarla en uno mismo, sin divisiones inexistentes entre cuerpo, alma, mente, espíritu y sasasa; el conocimiento es crucial (en algún punto reconocemos lo que nos hace mal, Spinoza es claro: no deseamos algo por ser bueno, sino porque lo deseamos lo consideramos bueno; de ahí que hace a nuestra vida plena, alejarnos de las pasiones tristes.), saber vivir es lo fundamental.
Lo básico es reducir al máximo las instancias de autoridad sobre nuestra existencia, ahí está el meollo de la cuestión, ir desechando creencias, opiniones, prejuicios, mandatos, doctrinas, modas, afecciones, idiosincrasias, dependencias, servidumbres, pasiones. Es el camino del libertario.

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