
La ley de salud mental argentina, de la que no soy un letrado calificado ni un profesional de la salud para dar un dictamen objetivo, donde obviamente la intención del legislador al crearla es tender a eliminar los lugares de encierro, confinamiento, guarda……; para con aquellas personas que por razones de índole mental se hacía necesario aparentemente resguardar su vida y la de terceros.
Por supuesto, esta ley así, sacada del pensamiento foucaultiano, en su análisis filosófico histórico, fundamentalmente revisionista de ese pasado carcelatorio, de tortura, donde se experimentaba con los locos, se los mataba en vida internándolos apartados de la sociedad………..; tiene su sesgo ideológico. En cierta manera desacreditan una ciencia como la psiquiatría que avanzo con el tiempo, acompañada de las neurociencias, entre otras.
Concretamente, necesitamos ante una emergencia, paliar la situación de modo efectivo, ofreciendo una salida, darnos tiempo en ver como seguir, aprovechar un tratamiento para que mejore, supere la persona determinado episodio mental que padece o sea apartada del grupo familiar para bien de todos.
Si, además legalmente, nos vamos al extremo de la tolerancia y damos por sentado que la decisión y el consentimiento, de alguien que no está en condiciones mentales de decidir o consentir lucidamente, debe ser respetado; para cuya consideración vale lo mismo la palabra de la enfermera, el médico, psiquiatra, el asistente social, la fiscal, policías, abogados y terapeutas…. Chau, estamos al horno.
Porque después vienen las tragedias, familias que, desde la vereda contraria al sentido común, disimulan la condición mental inestable (riesgosa, peligrosa de a ratos…) de uno de sus integrantes; negacionistas de la realidad por amor a un ser querido, fingen vivir una vida tranqui hasta que estalla todo por los aires; hay veces queda en casa, otras, vecinos, allegados o cualquiera sufre las consecuencias de un desequilibrado mental. Lo contrario también, se ignora el pedido de auxilio de los familiares del enfermo, se minimiza el criterio de los mismos que exigen una internación y después resulta demasiado tarde.
Basta andar en las calles, cada vez más gente sin todos los jugadores en la cabeza anda por ahí suelta a la buena de dios; lo expreso de esta manera llana y directa, siempre con el respeto por el padecimiento que experimentan, las vidas dañadas que significan; solo busco pensar este fenómeno creciente de estos tiempos, no todas las patologías son similares y requieren los mismos abordajes (no estoy proponiendo encierro a todo el que camina por ahí, habla solo; tirado y en situación de calle); pero eso no lo sabe el resto de las personas e incluso ante un episodio que involucre a un enfermo de esas características, la policía hace lo que puede, no tiene el conocimiento adecuado.
Por otro lado, la creciente medicación de muchos hace que uno tome pastillas por las dudas; algo locos estamos todos, basta tener un celular y hablar solo a los gritos en la calle; quizás se está yendo de control la singularidad de los individuos, ya no somos el colectivo uniformado de otros tiempos, por lo tanto, hay que volverlos a la vereda de cierta «normalidad». ¿Esto a quienes beneficia? No lo sé.

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