Ir al encuentro de los demás en la venta ambulante de algún producto, en tiempos atravesados por el Estado, sus condiciones y privilegios; donde la ideología de Mercado pesa y también produce formas de ser; se requiere de fortaleza.
Muchos creen que terminaste en eso y no suponen que tal vez elegiste esa vida ambulante en libertad; hay que tener un discurso de dignidad a mano ante la compasión de algunos que te compran lo que vendes para ayudarte; argumentos más allá del bien y del mal, por el bolsillo flaco de muchos; la mentalidad comercial fijada a lugares; si uno está bien económicamente, en la postura del hombre o la mujer simbólicamente rico con un capital cultural considerable, encima libre, se ríe de los prejuicios de todo el mundo, porque la independencia y autonomía desde la cual interactúa es poderosa; pero si esta movido por la necesidad, las cosas cambian.
En ciudades como Santa Fe, donde si se postula Adolfo El Alemán prometiendo hacer desaparecer a los trapitos cuidacoches, arrasa en las elecciones; se complica presentar al vendedor ambulante como una persona emprendedora, un empresario.

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