
Nos quejamos de los cuidacoches, limpiavidrios, llamados trapitos y los más «intelectuales» cuando se enojan los nombran lumpen.
La cuestión que tenemos a esos supremacistas desinhibidos, Argentina está en un tiempo de desinhibición, te aparecen violentos por todos lados, especialmente en el mundo de las palabras en la web, redes sociales, donde la tienen larga junto a otros perros que ladran y algunos están apuntalados por estructuras de poder; allí los vemos a estos pescados nadar cómodamente a favor de corriente; pero si los sacas de la pecera, no sobreviven.
Por eso, contra los trapitos operan de la forma que saben hacerlo, jugándola de ciudadanos decentes, llenos de sentido común, «democráticos», desde la corrección política, victimizándose con vistas a un interés público; en el fondo, buscan eliminar a los supuestos delincuentes que lavan y cuidan coches, como no tienen los huevos de hacerlo por sí mismos, ya que son malos patoteando viejos, discapacitados, niños, gente indefensa, pero frente a estos laburantes de la calle se dan con esa dosis de realidad que no quieren aceptar; en este punto nace la política (por dar un ejemplo entre otros), usan los mecanismos institucionales y se ganan los fierros de las fuerzas de seguridad a su favor.

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