
Me gusta creerme la novela llena de imaginación y optimismo, de Hegel; un hueso duro de roer del pensamiento alemán, suelo detenerme en la dialéctica del amo y el esclavo, pero bajo la intermediación del ruso Kojéve, resulta llevadera la lectura de este último.
La Filosofía es una totalidad, de ahí que lleguemos tarde a pensar las cosas («no la vemos», como suele decirse hoy en día); se trata de esperar a que esa realidad se termine de desplegar, realizar, y allí, ser la voz que le da sentido a todo, expresando a través de la palabra la realidad que en definitiva se piensa a sí misma por medio de nosotros.
Parece muy loco esto, pretensioso, más de uno sabe, quieran o no, que hay verdades acosando en las sombras y nos siguen de cerca, no nos pierden pisada…….; no llega nada de lo no vivido, desde esa condición humana, en alegría y con todo lo que nos trae la vida, arribamos a ese punto culminante donde volvemos sobre nuestros pasos que nos llevaron hasta este momento y envolvemos todo con nuestro pensar. Filosofía.
Por eso, «el búho de Minerva alza sus alas al atardecer».

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