
Ponernos en camino de pensar las ventajas de estar muertos en la actualidad; aunque no quiero estarlo, soy más afortunado que todos los reyes que me precedieron y que ahora no son nada.
Mejor dicho, «adoptar el color de los muertos«, una idea estoica por excelencia, que guarda vinculación con la apatheia, libertad, imperturbabilidad ante los percances, situaciones límites, hechos adversos que nos acontecen, circunstancias que padecemos; donde el único y verdadero bien esta dentro nuestro; es decir, por lo que no está en mi control cero problema, suelto, dejo, me alejo, resisto en mi posición, no me dejo arrastrar, no salgo de mi, aguanto hasta que pase, no le doy entidad. Escribirlo es fácil, ejercitarse en esta actitud lleva tiempo y renovados esfuerzos, hay que practicar.
Pero también es vivir el presente sin quitarle al futuro lo suyo, aquello propio de quienes luchamos como puentes tendidos a la superación de todo lo que venimos siendo, dado que serán otros los que vendrán, es para ellos la siembra. Si cada vez que puteamos por este presente, la decadencia argentina en que nos hallamos, el difícil proyecto que vamos recorriendo para mejorar…; todo es un maldito reproche que le hacemos a nuestros padres, abuelos; ellos rifaron la nuestra por pensar demasiado en ellos, por si fuera poco, nos hicieron lentos en el andar, cargados de preceptos, normas, reglas, Estado y más Estado.
Podes bajar más en las consideraciones, prestarle atención a los que se manejan solo con dinero efectivo entre nosotros, sin datos personales en ninguna parte (mucho menos en las plataformas de redes sociales); viviendo y haciendo algo en la informalidad, en el límite de los desaparecidos; desafiliados del sistema, sin rol, función o propiedad. Desertores de la sociedad organizada.

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