Décadas de kirchnerismo y un intento sistemático desde lo cultural fundamentalmente, por borrar parte de la historia, negar verdades que acompañan a los argentinos y hacen al pasado colectivo de todos.
Le pusieron muchas ganas, dinero, esfuerzo, por instalar un Relato que termino resultando un tiempo; en el presente se cae a pedazos, muestra sus límites, mentiras organizadas que dejan en evidencia todo un aparato estatal-cultural desfachatado, que operaba con recursos públicos al servicio de una banda de delincuentes.
Es paradójico que cuanto más insistieron en esconder verdades incomodas, historias que contradecían la historia oficial, más terminaron por mostrar que los argentinos en cuanto imaginario colectivo de nación, pueblo, siempre fuimos mayoritaria y hegemónicamente, lo que se negaba, no lo que buscaron imponer como narrativa del poder. Lo corroboramos en la última dictadura sanitaria y su cuarentena, la facilidad con que nos encerraron y la facilidad en que colaboramos para sostener el estado de sitio; en la actualidad, lo ratificamos en el apoyo al avance de la derecha, no es otra cosa que la expresión más íntima argentina de lo que realmente somos, expresión reprimida por tantos años de fascismo de izquierda, peronista, socialista, progresista.

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