Se vino abajo el lenguaje inclusivo, no salvo vidas hablar con «e»; tampoco sirvió para integrar a personas marginadas o desafiliadas del Sistema, quizás sí, depende como lo miremos. Se politizo demasiado la cuestión y eso lo hecho a perder.
El tema no está sepultado, ni siquiera superado, simplemente tiene un parate necesario, hay que respetar los tiempos de la gente, no forzarlos; francamente, muchos son los ejemplos de la vida cotidiana que nos vienen haciendo ruido; desde dirigirme a «todas», formando parte de un grupo cerrado de hombres, a llamarlos «chicas» a los varones en el aula de la escuela primaria. Algo quedo, sabemos que no está mal y es razonable, referirnos a todos y todas.
Las mujeres se acostumbraron a ser pluralizadas, puestas indistintamente en un todo masculino que las nombra; al revés, es poco usual; pero de ahí, a tener que meter una «e» a las palabras para cambiar la realidad, es complicado, las palabras no son tan mágicas, lleva tiempo.

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