Nuestras luchas en medio de las adicciones son políticamente razonables, es como ir a votar, sabemos que realmente en el después nos espera la decepción, termina siempre igual; sin embargo, expectativas renovadas crecen en nuestra cabeza, tienen más peso que lo real; aún más, esta vez esperamos que sea distinto, incluso hasta buscamos ser sorprendidos para mejor, apostamos al futuro.
En definitiva, el gobierno que nos damos es el gobierno de todos, lo hayamos elegido o no; en cualquiera de sus jurisdicciones, representaciones, formatos y niveles. La cuestión es que hay un sistema político-económico-cultural que ha devenido en sistema de vida, no le podemos escapar fácilmente; no se trata de unas elecciones que salieron mal, sino que estamos en una forma de existencia donde la pasamos bien o mal, como adictos que funcionamos de ese modo; de ahí la devaluación del discurso político donde habla la enfermedad de este tiempo.

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