Después, fueron pasando cosas

No justificar la violencia, bancar la libertad de expresión hasta perder, antes que cometer una injusticia elegir padecerla; eso permite dormir en paz y saberse inocente a la hora de ir por justicia.

Parece irónico que algunos autopercibidos libertarios, liberales, republicanos; sean castradores de los demás, reaccionarios ante los que piensan y se expresan distinto.

Nos cuesta la libertad a los argentinos, estamos acostumbrados a colgarnos de las palabras, pero en los hechos te encontras realmente con personas de cierta psicopatía, gente manipuladora y violenta, que hallan su lugar de poder en nichos como la política, las iglesias, en la familia, ámbitos educativos, reparticiones públicas…; no necesariamente son los que vemos en las series de Netflix, poseen necesidades especiales que todavía no han escalado hacia hechos de extrema gravedad, pero que sin embargo dañan a otros.

Era vox populi que Alberto Fernández tenía actitudes de matón, arranques de ira, las respuestas agresivas que daba en redes sociales fueron señales que nadie quiso ver; el tiempo lo confirmo, se tardó demasiado.

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