Poner en suspenso la ética que sustenta el comercio, la empresa, un precio razonable y el contrato libre, te convierte en un resentido porque sería dudar de la honorabilidad de esos buenos comerciantes y empresarios; la moral de su esfuerzo, trabajo, capacitación, inteligencia, desde la cual tienen todo lo que tienen y prosperan.
El dinero nos da un poder adquisitivo que necesariamente no tiene límites o al menos su límite no son las cosas. Nadie duda que, en Argentina, a pesar de las leyes, buenas costumbres de gente civilizada y occidentalizada, con dinero se puede comprar o vender personas, animales, obtener servicios de lo que sea, prestaciones variadas, humanas y no humanas. Todo tiene precio, en especial lo que no tiene precio y no hay con que pagarlo.
Con dinero se pueden adquirir distintos tipos de valores como un buen nombre, belleza, decencia, honor, prestigio, credibilidad, etc; hasta podemos ser buenos.
Y como decían los monjes de antaño, come quien trabaja; es decir, mañana pasaremos hambre si hoy no laburamos y mañana no tendremos laburo si hoy no aceptamos lo que se nos exige.

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