El juego del pensar

Es curioso observar que quienes se empeñan en autorreferenciarse cuando escriben, hablan o aburren con videos de una vida interesante como toda vida que importa mucho; tal vez no comprenden que nuestro nombre aparece cuanto más despersonalizamos lo que buscamos decir, porque es obvio que no todos somos capaces de decir algo propio y el intento es válido (pero, no es por ahí...) cuando nos ponemos en primera persona.

Asimismo, corremos el riesgo de volvernos monotemáticos, banales, obsesivos; por ejemplo, un caso lo vemos en los variados programas streaming o los publicadores seriales de editoriales-libros, temática social-ético-política; ahí nos damos cuenta que no hay un pensar sólido, son máquinas de largar palabras, rellenar tiempo, aunque esto parezca contra fáctico al ver los seguidores o ventas que tienen algunos atrapados en su éxito.

El pensamiento es nómada, nunca se queda quieto en un lugar, aparece donde nadie lo espera, incomoda, es contracorriente, no se aferra a ideas, no hace alianzas, no sostiene ideologías ni presta concesiones a nada ni nadie.

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