Darles oportunidades renovadas a los jóvenes, siendo parte de las Fuerzas Armadas, como inserción laboral, aprender oficios, instrucción militar, ciertos valores de apego a los símbolos patrios, respeto de los DDHH y defensa de la Democracia; es aceptable y conveniente, teniendo en cuenta la nula hipótesis de conflicto exterior que tenemos a nivel estratégico nacional.
En lo que respecta a las Fuerzas Policiales y de Seguridad, la cuestión cambia: tiene que terminarse la politización ajena al Bien Común, capacitarlos profesionalmente, pagarles un salario equiparable a los funcionarios judiciales, equiparlos, democratizar las mismas empoderando a los uniformados como ciudadanos, aumentar las exigencias de ingreso y permanencia, no usar dichas instituciones como colchón de contención social ni centro terapéutico de rehabilitación comunitario.
Policías, gendarmes y prefectos son la primera línea de la seguridad ciudadana, en contacto directo con la gente, enfrentando al crimen organizado.

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