Intensamente vivos

Es triste pensar que parte de nuestra juventud, cualquier persona individual y corriente, arribando a ese momento vital de mayor plenitud, desbordante de fuerza, donde la vida se nos manifiesta a través de nosotros intensamente; llegan cansados, se estancan, quedan ahí y los años se les vienen encima. Entiéndase, no busco romantizar la madurez, para nada, considero que la diferencia más real y contundente de todas, entre los hombres, es la edad.

Nos encontramos actualmente con muchas vidas jóvenes desperdiciadas, no porque hayan fracasado en ser los doctores que papá y mamá soñaron, ni los empresarios exitosos que sus capacidades, méritos y títulos auguraron; sino por haber sido mediados por un régimen social, político, económico, jurídico y de trabajo, que les resto sus mejores energías al servicio de otros, para sobrevivir, enajenados de sí mismos; al no verse liberados de necesidades a tiempo, no se pudieron dar la chance de ser libres, alegres, despreocupados, capaces de un ocio creador gracias a la mejor versión de los mismos, que nunca más el tiempo y la vida volverán a brindarles.

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