«Santa Fe cordial»

En ciudad de Santa Fe, tenes a cierta casta santafesina que descarga todas sus frustraciones, cobardías, resentimientos y la amarga existencia llena de odio, contra trapitos, limpiavidrios, gente en situación de calle, mendigos que pululan cerca de supermercados, cajeros automáticos y restaurantes, vendedores ambulantes, feriantes y buscavidas.

Indudablemente no existe la ciudad cordial que vendemos hacia los de afuera; en cualquier forma de organización que nos demos, están los hábiles vendedores de espejitos de colores posicionados en las estructuras verticalistas de la que tan afines somos los santafesinos en concretar.

Lo patético es que hay un bando, una lija generalizada, mucha gente endeudada, tarjeteando para comer, tomando préstamos para saldar otros préstamos. No es que me volví oposición al gobierno nacional, no, eso cada vez es más difícil, ha perdido legitimidad, está siendo algo ilegal. Aquí y ahora, importa sobrevivir, siempre fue así; el problema es que pasamos sin parada de por medio, de las reivindicaciones sociales, los «derechos colectivos», el Estado somos todos, la Patria es el orto; hacia lo que importa sos vos, yo, cada uno y en tal sentido nos arreglamos como sea, con la nuestra.

Entonces, estamos a cinco minutos de cancelar todos los caminos que nos llevan a pensar en libertad, tomamos el atajo y reaccionamos: el impresentable docente sin trabajo, que se puso próximo a la vereda de la casa que alquilas, a vender unos maples de huevos y hacerse unos mangos, es el enemigo público; vos inquilino, que no te alcanza cortándote un brazo para bancar los aumentos de alquiler que te llegan.

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