El relámpago de las fuerzas del cielo

No solo encandilo a la mayoría del pueblo, encegueció a otros e irrumpió partiendo al medio el statu quo de la vieja política, del sistema jurídico-económico, sacudiendo a la sociedad organizada fallida de los incluidos, que hablaba de un cambio haciendo lo de siempre.

El partidismo político, las instituciones, todo el andamiaje estatal y gubernamental; no alcanzan con sus dispositivos de poder en asimilar lo que ocurre y hacerlo funcional a los intereses acostumbrados, bajo los visos de legalidad de un Estado de Derecho.

Incluso, están quienes se cuelgan de la moda libertaria y no faltan los que se presentan como lo novedoso, enarbolando banderas de la libertad, y no la ven; son lo viejo con ropaje nuevo, les falta el conocimiento rápido receptivo, allí donde alumbra el refucilo; no pueden elaborar un discurso político ni una estrategia política de acciones que rediman las injusticias que afectan a mucha gente desde toda la vida, en un país devastado por la corrupción.

Seguimos en la temporalidad acostumbrada y muchos van a volver a lo predecible, «a la sarna con gusto no pica»; de pobreza para todos y todas, a la envidia organizada estatal como ideología política que desacredita la existencia humana de la excelencia.

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