Felaciones políticas

Estas roscas donde entran en escena gatos y gorilas son comunes en Argentina, tienen su historia, en algún sentido me explaye al respecto desde una mirada objetiva, en el escrito «Gatos de la política argenta», que pueden acceder gratuitamente en este sitio web, leerlo sin perjuicio a la salud.

En el llano de la nueva política, suceden otras obviedades; me refiero a quienes se ubican «supuestamente» en la vereda contraria de la casta, se dan cómicas situaciones entre el king kong y la rubia (que puede ser de cualquier color) que tiene en su mano. Sabemos el desenlace, ira cabeza de lista o alguna candidatura segura en el reparto de poder.

Sin embargo, aquello consabido en el silencio de la hipocresía colectiva, en realidad es el a priori de las prácticas políticas argentinas y suma a todos los géneros; es cuestión de tiempo para que veas ascender rápida y sorpresivamente en la estructura organizacional, dentro del espacio político, a quienes «trabajan» con la lengua. Si resulta ser el gato del o la que maneja la billetera, va a llegar, lo tendremos hablando por todos nosotros, embolsillando dinero a escondidas en cualquier cargo, función, impartiendo ordenes como mandamás del partido y si nos descuidamos como suele suceder, termina representante del pueblo.

Muchos siguen participando, militando a pura camiseta, dedicación, estúpidos que no tienen otra fuerza que la decencia, comprometidos desde un interés público, incrédulos afiliados; es el folclore argentino de la gilada, el eterno lamento del guampudo; en el contexto de la política degradada como acción transformadora de la realidad.

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