Para quién la vive como quiere

«No estaba muerto, estaba de parranda», la letra de una canción de estos tiempos, que le contesta al Zaratustra de Nietzsche cuando bajando de la montaña anunciaba la buena nueva que «Dios ha muerto».

Quieras o no, no te queda otra que estudiar o trabajar, capacitarte en algo, hacer uso de tu fuerza e inteligencia, con respirar solamente no alcanza; como decían nuestros padres y abuelos. Hay que entrar en el ritmo de ser alguien, para eso debemos someternos a la lógica del Mercado, con el Estado regulando, controlando, o bien de modo informal, en negro…; siempre dentro de la misma bolsa. En el ámbito privado o público, da lo mismo, las reglas que marcan la existencia en ese sentido ya están impuestas de antemano.

Quienes pensamos la libertad como una forma de vida capaz de ser militada, extendida a los demás (cuanto más libres son los otros, más libre soy yo; que allí donde termina mi libertad, se potencia la libertad del prójimo en un camino común), desde un Nosotros; tengo mis dudas de que sea posible, creo que nos equivocamos quienes apostamos a esta lucha….; social y culturalmente, estamos a gusto consumiendo libertad, cuando de lo que se trata es de producirla.

Te gana la organización, el autoritarismo de una verticalidad impuesta o «libremente» aceptada por la mayoría; la burocracia, que no es solo estatal, se halla diseminada en todos los ámbitos de la existencia social organizada; incluso ser ciudadano es una formalidad que se desprende de otras formalidades llamadas derecho, democracia, república……. Es lo que hay, para bien de todos necesitamos cuidar lo que logramos, no se dan opciones de algo distinto; solo matices de intensidad.

Te queda, y me lo digo a mí mismo, esos valores en los que estamos jugados cada uno (de manera individual, personal) por una forma de vida en la que venimos siendo libres; esta realidad nos mueve, estamos en ella con todo lo que somos, nos empuja ese sentido de libertad en el que sabemos vivir; ahí reside la fuerza que no se puede transferir a nadie y que nadie puede apropiarse para administrarla, no hay sistema que la registre o se le imponga.

Por eso, llegar a ser Comunidad de hombres y mujeres libres, que de algún modo nos encontramos en diversos proyectos, es lo único que puede garantizar a futuro la supervivencia de la Democracia real.

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