Tobillera mental

No es fácil comprendernos en este tiempo de la web y sus redes sociales; vemos esa característica que ha copado el espacio de participación, desde una mentalidad abocada al detalle, buscando el archivo de todo, para terminar, dictando verdades a modo de sentencia sobre cualquier cosa; llevado a cabo con el esmero de quienes no tienen otra cosa que hacer, pero lo hacen con perseverancia, profesionalismo, son meticulosos; no podemos negar estas cualidades. Indudablemente, si nos ponemos a rastrear esta forma de ser nos encontramos con un mundo de manipulados; sirven al poder y son funcionales al mismo, aunque algunos se hallen en la vereda supuesta de la oposición.

Sin darnos cuenta nos olvidamos de pensar, resulta hasta cómodo repetir lo que se viene repitiendo con insistencia; pensar requiere esfuerzo (incluso, aunque suene paradójico: hay que aprender a pensar y ejercitarse en eso), un espacio propio, silencio, descolgarse de esa corriente de información, opiniones, prejuicios, creencias, intereses, que nos arrastran indefectiblemente hacia un cuello de botella.

De ahí que nos sintamos seguros si comulgamos con el parecer grupal en una suerte de convergencia de lo que hay dando vueltas, donde se «reconcilian» contradicciones; aunque nada es eterno y «la gente no es boluda»; justamente allí reside la astucia de quienes diseñan estos espacios de pensamiento único, que resultan superados por otra sistematización de un nuevo pensamiento único.

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