
Hablemos de política sin hacer política. El espejo que debería ser la misma ante la gente, perdió sentido, está roto ese vínculo que la Democracia necesita para crecer; la cultura argentina está empezando a mirarse a sí misma, es un momento de nuestra historia importante. Hasta hace poco los actores que vehiculizaban lo cultural eran soldaditos del Partido Único Estatal, donde te encontrabas a Rembrandt, Van Gogh, Goethe, El Che, los descamisados de Perón, la maravillosa juventud de los años 70; todos empleados públicos, asimilados al poder de turno, instalados en el mundo de las ideas.
Algo está empezando a ser distinto, año 2025, no solo porque se ha retirado el financiamiento estatal a todo ese contexto parasitario del bolsillo de todos los ciudadanos; sino por la demanda social al respecto, hay una exigencia que señala, interpela, a lo político como producto cultural, por lo tanto: ¿vos queres ser político, militar política, ejercer una función pública, representar a los demás en las instituciones de la República? Ya no te podes disfrazar de nada, esto ha dejado de ser literatura, discurso, retorica, palabrerío, relato, narrativa; tendrás que sumergirte en la realidad, hacerte uno con los demás, basado en la renuncia, el desprendimiento, buscando la libertad y rescatando la dignidad de muchas vidas dañadas. Hagamos corta la bocha: a la gente no se la escucha.
La política es liberadora, si no lo es, no es política.

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