
En el mito de Orfeo descendiendo a los infiernos en busca de su mujer muerta, bajo la condición de no darse vuelta para mirarla, algo que no cumple cuando está llegando al mundo de los vivos y ella desaparece; se queda sin nada, el propósito de revivir a la amada queda trunco.
Interpretaciones hay muchas, es un detonante siempre vigente que nos lleva a pensar y en este sentido quiero detenerme en eso llamado «pensar»; que tanto nos hace falta en todos los tiempos. Sí, este ponernos a pensar en la representación de Orfeo y su amado cadáver, se esfuma una vez que nos ocupamos en algo, en el ajetreo diario de rutinas, obligaciones, labores, experiencias….
No hay con que darle, la cuentes como la cuentes, a pensar no se dedica cualquiera, no tenemos tiempo, requiere de no hacer nada, desenchufarse de todo lo vivo que te rodea, tratar con muertos como un muerto más, entre pensamientos que se suceden unos tras otros y no dejan huellas, invisibles, sin materialidad alguna, inútiles.

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