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A pesar de tanta dopamina circulando, las plataformas sociales nos tienen alterados, saturados, basta con preguntar que realidad es la que asiduamente discutimos para encontrarnos con que no es una sola y pensarlo es siempre llegar tarde.

¿Qué hacemos? Hace unos meses convenia comprar en algunos países limítrofes, ahora no es negocio, la rueda gira rápido en Argentina; los que viajaban a pagar felicidad fuera del país, tendrán que volver a casa y renegar con la viveza criolla.

Económicamente, saber por qué pasa lo que pasa, es relativamente importante, lo determinante es la inseguridad producida por nuestra forma de organizarnos y gestionar los recursos públicos, privados; le pega duro a la vida de los argentinos, no es solo desde la óptica del accionar delictivo, el bienestar y la autoestima están juego también al vernos cada vez más vulnerables. El gobierno en estos momentos apunta más que nada a lo emocional, ahí reside el público blanco del que dependen sus logros.

La política argentina es la misma en todas sus banderas, apunta a manejar la corriente antisistema que circula entre la gente, esto último es lo que terminara pesando, lo vemos en el ausentismo militante en las urnas; quieren encauzarlo hacia lo que resulta conveniente a los bandos en las pujas de poder, tironean buscando llevar agua a su molino.

¿Qué salida tenemos? La libertad, esa capacidad activa de resistir como sea.

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