Me preocupa el avance de los evangelistas, quienes no tendrán en la familia algún dado vuelta, que dejo de ser católico para empezar a hacer política cristiana; vamos a decirlo sin tapujos, son funcionales a un régimen de poder determinista, donde unos pareciera que nacieron para estar encima de otros (y no haciendo el amor).
No quiero ser confundido con un apacible católico que no tiene nada que criticar, en realidad rechazo a la iglesia católica apostólica romana en cuanto mecanismo institucional que comulga con los patrones, jefes, gobernantes, amos, ricos; haciendo de la carencia material una virtud sin lucha, de la humildad un agachar la cabeza y no rebelarse….; no somos todos de esa madera, como no lo fueron quienes, desde los Padres del Desierto, el Monacato, plantaron bandera contra la imposición de una hegemonía populista que parece no serlo y sin embargo pretende hacer de los intereses de un sector el todo.
Quizás, esta convivencia de miradas cristianas dispares, teológicas, distintas, entre católicos, sea nuestra principal fortaleza. No me refiero a las charlas de café en si la Virgen tuvo más hijos o no, si me hago llamar la iglesia de la chota divina…..; hablamos de maneras de ser que bancamos con nuestra vida, no de palabrerío o hermeneútica de textos bíblicos.
Pero los evangelistas argentinos son uno solo, aunque estén llenos de denominaciones, iglesias, orientaciones y sasasasa; creciendo, en vías de afianzarse, todavía no están pisando fuerte, tienen la peculiaridad de autopercibirse como «la gente de bien» de la Normalidad; esto último podría enfermarnos con solo pensar que tal vez no estemos en ese universo de personas que pertenecen a la Comunidad de Elegidos, en ese caso seriamos una suerte de anormales herejes, poseídos desposeídos de la gracia divina, condenados de antemano; efectivamente, esa mirada de pueblo elegido, legitimado en la pureza de su pertenencia, en camino hacia la tierra prometida, sigue siendo la misma que los viejos protestantes aunque los tiempos hayan cambiado, progresar económicamente y que las cosas te vayan bien gracias a que Dios está contigo.

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